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La metáfora de Roser

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“Cuando intento explicar mi enfermedad siempre la comparo con un monstruo, un monstruo que vivía dentro de mi y que decidía y hacía siempre lo que le apetecía sin tener en cuenta mi opinión o mis sentimientos, lo vivía como un ente con personalidad propia.

Ahora, visto desde la distancia, creo que la patología es como un parto dividido en tres etapas. En la primera etapa, la anterior al desarrollo de la enfermedad sería la gestación. En ésta etapa vives en un entorno controlado, en el que te miman, te cuidan, te valoran y en el cual la inocencia te protege de la crueldad de la sociedad y los problemas. Es una inconciencia de sentimientos, un pensar que todo es perfecto.

La segunda etapa, el parto, representa el desarrollo y la patología en su punto más álgido. En el parto nuestro mundo cambia con mucha rapidez: descubrimos la presión, la gravedad, la falta de aire y el dolor, entre otros. Debemos respirar por primera vez, oímos ruidos que no entendemos, sentimos frío, tomamos contacto con otros cuerpos, nos molesta la luz al abrir los ojos por primera vez, no entendemos que vemos, que oímos, que sentimos, ni quienes son los que están a nuestro alrededor. Llega el caos el caos, la inseguridad, el desconocimiento y la toma de consciencia de la vulnerabilidad.

La tercera etapa, representa la cura, el renacer. Después de tanto sufrimiento empezamos a entender que la luz fuerte que nos ciega está llena de colores, que las caras que tenemos alrededor son de nuestros seres queridos, que los ruidos que oímos son palabras que nos ayudaran a entender y comunicar-nos. En el “renacer” o cura de la enfermedad entendemos que no podemos controlar lo que nos rodea pero que si tenemos las riendas de nuestra vida, controlando nuestras acciones y la responsabilidad de ellas.

Somos quienes queremos ser.

 

Roser Pérez Solé

Girona 1 de Octubre de 2013